FAQ

Preguntas frecuentes sobre la O.C.S.O.

1. ¿Es cierto que los trapenses hacen voto de silencio?

Los monjes y las monjas trapenses tienen fama de ser personas silenciosas. De algún modo, esta impresión, que tiene cierto fundamento en la realidad, ha llevado a pensar que hacen un voto de silencio, lo cual nunca ha sido el caso. En un monasterio cisterciense común hay tres motivos para hablar: la comunicación funcional en el trabajo o en los diálogos comunitarios, el intercambio espiritual con los superiores o con algún miembro de la comunidad sobre distintos aspectos de la vida personal, y la conversación espontánea en ocasiones especiales. Estas formas de comunicación se integran en la disciplina de mantener una atmósfera general de silencio, que es una ayuda importante para la oración continua.

Sin embargo, el silencio está incluido de manera implícita en una de las promesas que hacen todos los benedictinos y cistercienses en el momento de la profesión monástica, cinco o seis años después de entrar en el monasterio. Prometen la “conversión”, es decir, la fidelidad a la vida monástica, de la cual forma parte la disciplina de mantener un clima de silencio, y eso exige dominar la lengua. Monjes y monjas descubren pronto que hablar no siempre es la mejor forma de comunicarse. De hecho, con frecuencia se utiliza como una manera de encubrir. Una amistad sencilla, silenciosa y orante comunica algo que va mucho más allá de las palabras.

2. ¿Cómo se relaciona la vida cisterciense con otras formas de vida cristiana?

Desde los comienzos del cristianismo, las diversas formas de vida cristiana se han comparado con distintos órganos de un único cuerpo humano vivo, llamados a servirse mutuamente en diversidad y unidad. A través del acontecimiento totalmente único de la muerte y resurrección de Jesús, los cristianos creyentes forman misteriosamente el único Cuerpo de Cristo. «Somos miembros los unos de los otros» (Ef 4,25). El Espíritu de Cristo resucitado inspira, unifica y, al mismo tiempo, diversifica este Cuerpo, que es la Iglesia. La vocación cisterciense o trapense es parte integrante de esta estructura: un fruto del Espíritu Santo, en comunión con los obispos de la Iglesia católica, al servicio de toda la Iglesia y del mundo entero.

En la práctica, las distintas vocaciones cristianas prolongan la obra y la presencia de Jesús a lo largo de la historia humana. La curación, la enseñanza, la predicación y el servicio de Cristo se encarnan hoy en personas y grupos llamados a estos ministerios. Los trapenses perciben que el Espíritu de Cristo los llama a una vida de sencillez, ocultamiento, trabajo, oración, servicio y hospitalidad en una comunidad monástica concreta. Esto prolonga los muchos años de la vida escondida de Cristo con su familia en Nazaret, los momentos de su oración solitaria al Padre y la existencia sencilla de sus primeros discípulos en Jerusalén. A este tipo de vida se le ha llamado el “corazón” invisible del Cuerpo de Cristo.

3. ¿Cómo puedo conocer mejor la vida de un monje o una monja?

Cada persona lleva dentro un “monje” escondido. Estamos hechos para Dios. La vida monástica responde a esta necesidad de vivir completamente para Dios, tanto individualmente como como miembro de una comunidad. Puesto que la oración está en el centro de la vida de un monje, puedes conocer la vida monástica en cualquier momento reservando 10 o 20 minutos cada día para tu oración personal, meditación y lectura de la Sagrada Escritura, especialmente del Nuevo Testamento. Una oración así es particularmente importante si estás buscando tu lugar en la vida, tu vocación, sobre todo si piensas que Dios puede estar llamándote a una comunidad monástica.

Normalmente, la mejor manera de conocer aún más la vida de un monje es pasar unos días en la casa de huéspedes de un monasterio. Conviene escribir o llamar por teléfono antes, por si la hospedería estuviera llena cuando planeas tu visita. Una vez en la casa de huéspedes, puedes hablar con libertad con el monje o la monja responsable de los huéspedes, que podrá responder a otras preguntas. Si no puedes visitar un monasterio, leer sobre la vida monástica es de ayuda y, por lo general, es posible cartearse con el hermano o la hermana responsable de la acogida. Además, la mayoría de nuestros monasterios tienen su propio sitio web, con al menos algo de información sobre la vida. Para direcciones y sitios web de todos los monasterios trapenses, visita la sección de Monasterios.

4. ¿Cuál es el proceso para llegar a ser monje o monja?

Cuando Jesús nos llama a seguirle, el camino no siempre resulta claro de inmediato. Cada historia vocacional es única y a menudo está llena de sorpresas. Como nuestros monasterios son autónomos, la llamada a la vida cisterciense es una llamada a vivir en una comunidad concreta y a seguir sus costumbres. Por eso, las consultas vocacionales se gestionan en cada monasterio, y no por una organización central. Además, el proceso de ingreso en el monasterio varía de una comunidad a otra.

Sin embargo, las etapas de la vida antes del compromiso definitivo son, en gran parte, las mismas:

  • Candidato/a - Una joven o un joven visita el monasterio durante un período de tiempo y habla con el responsable de vocaciones y/o con el superior, que ayudan a la persona a discernir su llamada.
  • Aspirantado - Antes de dejar trabajo, familia y pertenencias para entrar en el monasterio, muchas de nuestras casas piden al candidato que viva en la comunidad durante un breve período, normalmente al menos un mes, antes de volver a casa para continuar el proceso de discernimiento.
  • Postulantado - El candidato entra en el monasterio y comienza a vivir como miembro de la comunidad, recibiendo formación del maestro o maestra de novicios.
  • Noviciado - Tras algunos meses como postulante, el hombre o la mujer recibe el hábito monástico y pasa a ser miembro de nuestra Orden, continuando su formación con el maestro o la maestra de novicios.
  • Votos temporales - Después de 2 años de noviciado, el novicio o la novicia puede ser admitido/a a los votos temporales. Los años de profesión temporal son un tiempo de estudio más profundo y de asimilación del modo monástico de vivir el Evangelio, y de mayor integración en la comunidad.
  • Votos perpetuos - Después de al menos 3 y no más de 9 años de votos temporales, la hermana o el hermano puede ser admitido/a a los votos perpetuos, que se profesan para toda la vida.

Si sientes que Dios puede estar llamándote a unirte a nosotros en este modo de vida, te animamos a explorar nuestros monasterios en este sitio y a través de los enlaces a las páginas de cada comunidad. Cuando sea posible, suele ser mejor considerar monasterios del propio país o, cuando no existan, de una cultura similar o al menos con un idioma familiar. Puedes utilizar la búsqueda geográfica para encontrar los monasterios más cercanos. Después podrás visitarlos o escribirles directamente.

5. ¿Tienen asociados laicos en sus monasterios?

Siempre ha habido laicos en una relación más o menos estrecha con una comunidad monástica, encontrando en ella inspiración y apoyo para su vida cristiana, y a veces formando un grupo de amigos de una comunidad concreta. En el último cuarto de siglo ha surgido algo nuevo. Algunos laicos han sentido la llamada a integrar en su vocación laical —vida familiar y profesional, así como sus compromisos sociales y religiosos— los valores más fundamentales de la vida cisterciense.

Estas personas reciben distintos nombres (oblatas/os, asociadas/os, etc.); pero, en general, se las llama “cistercienses laicos” y forman un grupo de laicos vinculados a una comunidad de monjas o de monjes cistercienses. Los sucesivos Capítulos Generales, comenzando por Holyoke en 1984, reconociendo un movimiento del Espíritu, han preferido no legislar al respecto, dejando a cada comunidad monástica la responsabilidad de acompañar la evolución del movimiento.

Estas comunidades de cistercienses laicos han creado vínculos entre sí y, en el año 2000, comenzaron a celebrar “encuentros” internacionales periódicos. Tras estas reuniones, han enviado mensajes a los Capítulos Generales, a los cuales la Orden ha respondido. Durante el encuentro de Huerta en 2008, redactaron un documento que describe la identidad del cisterciense laico, que fue comunicado a los Capítulos Generales de ese mismo año. Los Capítulos reconocieron oficialmente a los grupos como “una expresión laical de nuestro carisma cisterciense”.

La pertenencia a los cistercienses laicos se gestiona directamente a través de los grupos laicales. Si deseas más información, ponte en contacto con alguno de los grupos que aparecen en el sitio de la Asociación Internacional de Comunidades Laicas Cistercienses.

https://cistercianfamily.org